
¿Tiene sentido innovar en una organización de la Administración General del Estado como es una Delegación del Gobierno? ¿Merece realmente la pena?
«Pero si no llegamos ni a todo lo que nos piden…», «Hacemos un plan, ¿y después qué?», «El plan lo hace cualquiera, el problema es llevarlo a cabo…».
Estas preguntas, dudas y resistencias, y muchas otras más, también nos las hemos planteado y las hemos afrontado en la Delegación del Gobierno en la Comunidad Autónoma de País Vasco y la experiencia nos ha llevado a una conclusión clara: sí, merece la pena innovar, pero innovar de forma profesional. Hacerlo con una VISION, MISION, VALORES y METODO: Definición de objetivos, indicadores, responsabilidades, comunicación interna y externa, todo ello para conseguir que la innovación se convierta en algo estructural en la propia organización.
Nuestro objetivo ha pasado de poner en marcha iniciativas novedosas a crear un sistema del que emanen de forma estructurada iniciativas innovadoras que se centren en las personas de la organización y en los grupos de interés de nuestros servicios. Buscamos completar un verdadero ciclo de mejora continua, basado en la lógica PDCA (Planificar-Hacer-Verificar-Actuar), que permita pasar de las ideas a la acción, evaluar los resultados, aprender de la experiencia e incorporar ese aprendizaje a la organización.
Para ello, nuestro marco de referencia es el Plan Estratégico 2024-2027, que establece hacia dónde queremos avanzar. Pero una estrategia solo cobra sentido cuando es capaz de trasladarse al funcionamiento cotidiano de la organización. Por eso, su operatividad se articula a través de planes de acción anuales, encontrándose actualmente en desarrollo el Plan de Acción 2026. Estos planes permiten convertir los objetivos estratégicos en actuaciones concretas, asignar responsabilidades, establecer mecanismos de seguimiento y comprobar si realmente estamos consiguiendo los resultados que perseguimos.
Y probablemente ahí se encuentre uno de los principales retos: el verdadero desafío no es hacer un plan, sino conseguir que el plan suceda a través de AUNAR VOLUNTADES. Pasar del documento a la acción; de la acción a los resultados; y de los resultados al aprendizaje y a la mejora.
La puesta en marcha de este modelo está suponiendo también para nosotros un proceso de aprendizaje. No partimos de la idea de disponer de un modelo perfecto ni cerrado, sino de aprender haciendo, evaluar lo realizado, corregir lo que no funciona y consolidar aquello que aporta valor.
Precisamente por ello, entendemos que nuestra experiencia puede ser de utilidad para otras organizaciones de las administraciones públicas que compartan una pregunta muy sencilla, pero no siempre fácil de responder: «Queremos innovar y mejorar nuestra organización, pero ¿por dónde empezamos?»
Nuestra experiencia pretende aportar una posible respuesta: empezar con una estrategia, convertirla en acción, medir y aprender de lo realizado y volver a actuar. En definitiva, cerrar el ciclo y volver a empezar.
Porque innovar no consiste únicamente en tener buenas ideas. Consiste en conseguir que esas ideas se conviertan en una manera sistemática de mejorar la organización.

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